lunes, 19 de julio de 2010

K.E.V.I.N

Angel de Jesús Montoya se recriminaba su nombre y es que aunque nosotros pensemos que Angel es un tipo mas o menos de cincuenta años, con dos o tres hijos y un buen puesto en una empresa, no le vamos a cambiar lo desgraciado que se siente a sus doce años con su nombre de hombre de cincuenta, mientras sus amigos se llaman Esteban, Carlos, Andrés, Sebastián, él por su lado recibió un nombre inconfundible que le arde el estomago cuando lo dicen completo, como cuando el coordinador del colegio le dice: “Angel de Jesús Montoya Galvis hágame el favor de salir al tablero”, se para indignado, no solo por salir al tablero y resolver el ejercicio, sino de que le haya pronunciado el nombre completo, cuanto desearía que solo hubiera escuchado, Angel haga el favor de salir al tablero…, es por eso que toma esa tiza y la hace rechinar con fuerza contra el tablero, para que de alguna forma el coordinador sienta más o menos por un sonido agudo carraspeado en la superficie, la sensación que el siente en sus oídos al escuchar su nombre completo, además se demora más del tiempo que toma el ejercicio, imaginándose ametrallando a su profesor y le irrita más el que su profesor no le preste atención a los sonidos que genera sino al proceso que lleva a cabo en este momento solucionando el ejercicio, la mayoría de sus compañeros tras su espalda lo único que piensan es que tiene derecho a hacer los ruidos que sea, con tal de que lo resuelva; pues no quieren salir a revisar y continuar desde donde él no fue capaz, callado termina el ejercicio, pone la tiza en su lugar, se sacude el polvo y se sienta, mientras su profesor le da las gracias.
Ayer tuvo una pesadilla, donde su mejor amigo lo perseguía gritando su nombre completo, él corría y corría, pero aunque ya había dejado atrás a su amigo, el eco de su nombre lo seguía a todos lados, saltaba alambrados, pasaba sobre los techos y las terrazas, pero aún en la lejanía su nombre llegaba hasta sus oídos, trastornado se levanto de la cama, tenia ganas de ir al baño, pensó que no hubiera tenido ganas de ir al baño si ese sueño de su nombre no lo atormentara, quizá un pequeño bautizo bastaría, si el agua que chorreante sonaba en el sanitario fuera unción santa, si lo cambiarán de escuela y él dijera que se llamaba diferente, pero ¿qué nombre me pondría?, siempre quiso tener un nombre bonito, un nombre que le diera respeto, que a penas se nombrara las personas volteasen a ver quien era el joven con tal insignia, de pronto se le vino a la cabeza un nombre, el nombre de un famoso, el cual a pesar de no ser muy conocido en el pueblo, sin duda no pasaría desapercibido, KEVIN empieza por la Ka y no por la Qú, que se vería muy feo en el reparto de una película o en el informe de un científico, la firma bancaria o incluso la cedula de ciudadanía, de ahora en adelante a todo extraño que conociera le daría como aperitivo de entrada un buen saludo con su nombre apareciendo como se hacen en los restaurantes, levantan la tapa de aluminio y allí estará, K.E.V.I.N, otra vez y con mejor acento Keeviiinn, sonaría perfecto.
Al otro día en el colegio se fue para el rincón del colegio, donde estaban los muchachos de otros grupos, listo y preparado se fue a conseguir nuevas amistades, nuevos territorios donde su nombre sonara en la bastedad del horizonte, pasara devastando la superficie, arrollando todo a su paso, tomó una de las hierbas de la manga y se fue masticándola lentamente, mientras movía la ramita haciendo pequeños círculos en el aire, vio que todos los pelaos estaban recostados contra la pared, para él eran mayores que él, pero eso no era problema, nadie sería un problema para “Kevin”, se recostó contra la pared, se metió las manos en los bolsillos y miró a los lados, los pelaos lo miraron y siguieron con su charla hasta que uno levanto su mirada hacía él y le pregunto desde la esquina: hey ¿vos como te llamas?, moviendo la ramita y mirando a los lados como si fuera un gran secreto y con serenidad dijo: Keeviiin.
El muchacho se acerco hasta donde él estaba, caminaba con cierto ritmo y como si no hubiera nadie más en este planeta sino él, los demás lo siguieron y tomaron lugar alrededor, él le dijo mucho gusto Kevin, mi nombre es Eurípidez y soy el que mando en la esquina, me caes bien y por eso te invito para que seas uno de nosotros. Kevin con asombro le alargo la mano, ese día se acostó con una sonrisa en su rostro, pues sabía que el Angel de Jesús Montoya no era nada contra Eurípidez Gonzalo Atehortua.